El padre de Iracema Morais era analfabeto y no quería que su hija estudiara. Ella entró a la escuela recién a los 10 años, llegó hasta cuarto grado y allí paró. Tuvo a su primer hijo a los 20, crió a 16 en total, diez aún vivos, y pasó la vida siendo la vecina a la que todos buscaban cuando necesitaban hacer cuentas de cabeza.
El sueño de volver a estudiar nunca desapareció. A los 91 años, finalmente fue tras él: se matriculó en Educación de Jóvenes y Adultos, la EJA, y termina la secundaria el 28 de agosto de 2026, 76 años después de haber sido sacada del aula.
Ella misma cuenta qué la sostuvo todo este tiempo:
"Siempre tuve ese sueño de empezar a estudiar. Eso fue lo que me hizo no rendirme, incluso ya de grande. Esperé 76 años para volver a estudiar."
En el barrio, quienes conviven con ella describen a una mujer con energía de sobra. Sobre compartir el aula con compañeros que tienen una quinta parte de su edad, Iracema lo resume así: "Soy como una adolescente de 15 años. Me relaciono mucho con mis compañeros y profesores. Por mí, no dejaría de estudiar nunca más."
Terminada la secundaria, el próximo paso ya está definido: un curso de gastronomía. Después de siete décadas cocinando para 16 hijos, quiere aprender a hacerlo con técnica.